Rutas y senderos

La pasieguería de Selaya
El Hayal de Aloños en Carriedo
La Cabecera del Suscuaja en Cayón
La huella del ferrocarril
Río de Rubionzo y Robledal de Zarrizuela en Saro
El Alto caballar de Villafufre
El Monte de Cabarga y Castril Negro en Penagos





Gráfico de la ruta de la pasieguería de Selaya

 


La pasieguería de Selaya


DESNIVEL La ruta discurre siempre entre los 350 y los 500 metros de altitud.
DURACIÓN Tres horas.
DIFICULTAD Fácil. Es conveniente prestar atención y no perder la senda cuando el camino atraviesa alguna finca.



Descripción general de la ruta

Los tres ríos, el Pisueña y sus afluentes Campillo y Hormillas, definen, en la parte más alta del municipio, un espacio caracterizado por unas peculiares formas de vida, de ocupación y de explotación del medio.

En un paraje natural envidiable, tendremos la oportunidad de contemplar los elementos que definen la cultura pasiega, ejemplo de desarrollo para el resto de las comunidades montanas de la cordillera cantábrica desde la alta Edad Media.

La ruta se inicia en Pisueña, en el lugar donde acaba la carretera que viene aquí desde Selaya. La cabecera del río conforma la primera parte del recorrido. Iremos del puente de Guzmazán al rellano de Losa siguiendo "el camino de la Garma" para ascender después hasta Las Cocheras, paraje situado en el cordal que separa el Pisueña del Campillo.

Durante esta primera hora de trayecto disfrutaremos de un variado panorama vegetal entre el bosque de galería y el hayedo robledal que cubre la ladera del Tujo, situada a nuestra derecha. Sin embargo, lo realmente novedoso, es el paisaje agrario y humano. Nos encontramos en un área de poblamiento pasiego que mantiene inalterados los caracteres que lo definieron en su origen hace casi cinco siglos. Hoy este entorno, cada vez menos poblado, es desde el punto de vista de su desarrollo económico uno de los más humildes de la montaña. Pero no siempre fue así. Frente a la creencia habitual, la pasieguería fue el origen del desarrollo económico y en buena medida del desarrollo cultural, del ámbito montano cantábrico. El paisaje que contemplamos, con fincas cerradas que aprovechan hasta el último rincón de espacio cultivable e innumerables cabañas distribuídas regularmente en las laderas de estas montañas, a fin de aprovechar todos los pastos, no es fruto de la casualidad. Responde a una estrategia económica que revolucionó en plena Edad Media los fundamentos de la organización del espacio agrario. Este paisaje, que se repetirá más adelante en Campillo y en Bustantegua, tiene su origen en el siglo XVI, cuando los primeros pobladores del ámbito pasiego optan por transformar el espacio agrario, convirtiendo los terrenos de monte de propiedad y uso común en fincas cerradas de aprovechamiento individual.

Con anterioridad, todo el territorio de Montes de Pas, de cuyos límites formaban parte estas cabeceras carredanas, habían sido espacio de uso de la abadía de San Salvador de Oña. El monasterio burgalés disfrutó desde el siglo XI de los derechos de pasto en las brañas pasiegas o puertos de altura, con la capacidad incluso de ampliarlas por roza, y también del derecho de uso de los seles, término presente a menudo en la toponimia de la zona que designa lugares de acogida para el ganado durante la noche.

Antes aún de la ocupación mencionada, este territorio fue objeto de uso privativo de los monteros de Espinosa, un grupo de ganaderos locales asentados en los concejos de la villa de Espinosa, que haciendo ley de una costumbre, hicieron suyos los viejos privilegios de Oña.

Continuando la ruta donde la dejamos, descendemos ahora hasta Campillo. Para ello hemos de abandonar la pista que tomamos en Las Cocheras, en la siguiente curva a la izquierda. El del Campillo es un valle de igual condición en lo cultural, de menores dimensiones geográficas y afluente del anterior. El descenso hacia el Norte es muy rápido y en la última parte atraviesa de nuevo un pequeño bosque mixto dominado por hayas y robles. Las duras condiciones de vida, asociadas al aislamiento, no han hecho perder a las gentes de este entorno el carácter cordial con que suelen recibir al visitante. La sencilla economía que practican contrasta con la del fondo del valle, mejor adaptada a las condiciones actuales del mercado. Pero esto tampoco fue así en el origen. Si hemos dicho que el pasiego revolucionó el paisaje agrario con los cerramientos, no fue menor el cambio en lo económico. Durante la alta Edad Media, en el contexto de unas economías de subsistencia, sin comercialización más allá de las producciones cobradas como rentas por los propietarios señoriales, el régimen pasiego se aproximaba a lo mercantil.

Como resultado de un proceso minucioso de selección del ganado, los pasiegos obtuvieron un tipo de raza bovina, bien adaptada al medio y a sus necesidades. La vaca pasiega, ofrecía una leche de altos contenidos grasos, idónea para la producción de derivados lácteos, que pronto alcanzaron merecida fama y alto precio en el mercado. La desaparición de la vaca pasiega supuso una reorientación de la cabaña hacia la recría para exportar a Castilla, lo que se tradujo en la necesidad de estabulación permanente del ganado.

Continuando el paseo, y una vez en Campillo, tomaremos hacia el Este la pista que atraviesa toda la ladera del valle. Allí donde finaliza, nace un camino que asciende hasta la carretera comarcal Selaya-San Roque de Riomiera. Descendemos por ella cien metros, y en el lugar conocido como Prao La Casa, tras la cruz de Campillo, tomamos el camino que nos conducirá a Bustantegua entre un singular bosque mixto atl‡ntico en donde hayas, robles y abedules compiten por el espacio con castaños, espinos, fresnos y acebos de gran porte.

Sobre un antiguo puente de piedra accedemos a Bustantegua.

Descendiendo por una pista pronto alcanzamos La Espina, encrucijada de caminos entre Valvanuz, Campillo y Selaya. Todo el recorrido queda enmarcado por la presencia, al Este, del enérgico relieve de Los Picones de Sopeña, que guardan en su seno el magnífico hayedo de La Zamina, en la vertiente al Miera, y actúan de pantalla orográfica para los frecuentes vientos de poniente, lo que hace de estas cabeceras pasiegas uno de los lugares más húmedos de la región.


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Gráfico de la ruta de el Hayal de Aloños en Carriedo

 


El Hayal de Aloños en Carriedo


DESNIVEL Quinientos metros, entre 345 y 845 m. de la cota máxima.
DURACIÓN Cuatro horas y media.
DIFICULTAD Media, por su duración y desnivel.
ÉPOCA RECOMENDABLE Todo el año, aprovechando que cada estación ofrece matices distintos del paisaje vegetal.



Descripción general de la ruta

El hayal de Aloños, pese a su reducida extensión, mantiene los caracteres típicos de estos bosques húmedos de hoja caduca. Además, la parte alta del recorrido, ofrece amplias perspectivas sobre el valle del Pisueña, y sobre las montañas pasiegas. Partimos de Aloños,un núcleo de la montaña cantábrica, de reducida extensión, en el que las formas de poblamiento se ajustan a un modelo de formación en barrios, derivados de la alineación de unas poocas viviendas orientadas siempre a la solana.
Alrededor del pueblo se intuye an la distribución tradicional del terrazgo. Aprovechando las zonas de menor pendiente se disponen algunos huertos, y a continuación, a modo de anillos semicirculares, los prados, y los espacios de monte. Casi todo el espacio fértil se explota como superficie pastable, en fincas de reducida extensión.

Ahora la economía de Aloños, como en el resto del Municipio, gira en torno a las explotaciones ganaderas. Las únicas variaciones introducidas en las fórmulas tradicionales de organización del terrazgo, se derivan de un menor peso del uso común de los espacios de monte en beneficio de los cerramientos individuales de tipo pasiego, que llegaron aquí mucho más tarde que al núcleo central de la pasieguería.

El hayal de Aloños, como se conoce según la toponimia del lugar, es una buena muestra de bosque autóctono cantábrico de hoja caduca. Por su interior discurre el río Junquera, un breve arroyo de caudal escaso, que drena las aguas de esta ladera hacia el Pisueña.

Sobre el sustrato calizo, las condiciones del suelo son de cierta permeabilidad, por ello la escorrenta superficial no alcanza valores notables a pesar de las elevadas precipitaciones. Sin embargo, el modelado que genera el arroyo a su paso por el bosque se asemeja al de los torrentes de montaña, lo que indica que sus caudales máximos, relacionados con periodos de lluvia intensa, resultan muy importantes.

La ruta comienza en la plaza del pueblo, junto a la Ermita de San Fructuosso y la torca. Es ésta una gran cavidad de origen kárstico, formada por disolución del sustrato calcáreo, que mina gran parte del valle y que, según la leyenda, fue morada del santo.

Nos dirigimos hacia el Sur entre dos hileras de casas. Abandonamos después el pueblo por una pista asfaltada que serpentea entre colinas labradas caprichosamente por la acción fluvial. Ganamos lentamente altura y penetramos en el hayedo por un camino de herradura que lo bordea hacia el Suroeste por su parte inferior. Algunos acebos, que se reconocen con facilidad por sus hojas lustrosas y planas, de tono oscuro y borde espinoso, orlan el bosque, algo que resulta común en los hayedos cantábricos. A medida que penetramos en la masa arbolada y ganamos altura, los ejemplares de gran porte son más habituales y el bosque se hace más denso. El camino discurre por el interior del hayedo describiendo una amplia curva ascendente, atravesando dos cursos que inciden en sendas debilidades estructurales y dan lugar a formas de modelado de carácter torrencial, saltos y pequeñas cascadas, sobre el sustrato calcáreo.

En el punto más alto del camino, abandonamos la senda. Ascendemos ahora hacia el Suroeste, para alcanzar el cordal a unos ochocientos metros de altitud donde el hayedo da paso a una parcela de repoblación de pinos que cubre la parte culminante de la ladera, ya en la vertiente al Pas.

Desde aquí caminamos hacia el Noroeste ascendiendo por una senda entre pinos, que bordea dejando a su izquierda la cima de La Coronilla. Alcanzamos después el Cotero de Los Lobos, una zona de matorral herbáceo dominada por el tojo, y finalmente, a 845 metros, la cumbre del Tablao.

La panorámica desde la zona culminante del cordal resulta espectacular, en primer plano, el fondo de valle del Pisueña, y el valle del río de Llerana que alcanza el cordal divisorio con el Miera en Carcabal. Detrás, el macizo de Enguinza, hacia el Nordeste, y al fondo, la línea de cumbres que une Porracolina con el Picón del Fraile en el macizo del Alto Asón. Por último, la mole caliza del macizo de Valnera hacia el Sudeste, que destaca por su altura en el conjunto de las montañas pasiegas.

El regreso se hace por el mismo camino, aunque puede aligerarse si se desea, evitando el circuito por el interior del hayedo. Tomamos la senda que bordea el bosque por el sector occidental.



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Gráfico de la ruta de la Cabecera del Suscuaja en Cayón

 


La Cabecera del Suscuaja en Cayón


DESNIVEL 650 metros. El desnivel a superar en altura es de cuatrocientos metros.
DURACIÓN Cuatro horas, una hora más si se desea cerrar el circuito.
DIFICULTAD Media por la duración. Discurre íntegramente por senderos.
ÉPOCA RECOMENDABLE Todo el año, especialmente apta por su carácter
panorámico para los días soleados.



Descripción general de la ruta

La divisoria constituye una atalaya sobre el valle del Pisueña al Norte de la Sierra del Caballar. Ofrece además la posibilidad de contemplar el interior de un hayedo cantábrico, en Esles, y la formación en cabecera de un torrente de montaña.

Desde una perspectiva paisajística invita a comparar las cuencas del Miera y del Pisueña: dos ambientes con caracteres morfológicos diferentes, resultado principalmente de una base geológica distinta.

El recorrido parte de la base del hayal de Esles en su extremo Norte. Hasta aquí ascendemos desde el pueblo por la pista asfaltada que da servicio a las cabañas de la zona. Cruzaremos el bosque por una senda para ganado que toma rumbo Sureste y asciende rápidamente. El hayal está orientado al Oeste y se desarrolla en cotas inferiores a los quinientos metros. Esto le otorga rasgos distintos a los que podemos contemplar en otros hayedos de la comarca como Aloños o Rasillo.

Se trata de un bosque no demasiado denso, donde la presencia del haya como única especie está claramente comprometida, especialmente por el roble, en las zonas de borde. Pueden observarse también avellanos, acebos, alisos, muchos ejemplares de gran porte de espino albar e incluso algún tejo aislado en el interior. Esto se traduce en una mayor permeabilidad respecto a la luz y en consecuencia en un aumento de las especies arbustivas y herbáceas del sotobosque.

Alcanzamos el borde superior del hayal y el camino describe una curva cambiando de rumbo hacia el Norte rodeando una cabaña. A escasos metros encontramos un cruce de caminos, ambos rodean la cuenca del Suscuaja en dirección a la Tejera del Corra: tomaremos el de la derecha, que asciende hasta el cordal salvando un desnivel de trescientos metros. El de la izquierda, que discurre a media ladera, es m‡s directo, pero menos accesible, porque el tramo próximo al río aparece frecuentemente encharcado, y la vegetación herbácea, muy alta, incomoda el paseo; el río aquí, forma una bonita cascada sobre el cierre de una antigua presa.

Sobrepasada la Peña del Acebo, llegamos al Collado de Edillo, accedemos al cordal y nos dirigimos hacia el Norte aprovechando un cortafuegos que culmina en los 847 m. del Somo de Noja, límite administrativo entre los municipios de Santa María de Cayón, Liérganes y Miera. La perspectiva hacia el Este nos permite contemplar el macizo de Las Enguinzas y los pozos de Noja, un conjunto de formas de relieve labradas sobre la roca caliza por la acción modeladora del agua. En el borde occidental del macizo aparece una gran dolina de trescientos metros de diámetro y una serie de pequeñas depresiones circulares encharcables que forman un conjunto de lagunas, algunas de las cuales han sido drenadas subterráneamente para aprovechamiento hidráulico. Hacia el Sureste tenemos también una bonita perspectiva sobre las montañas del macizo del Alto Asón, entre Porracolina y Bustalveinte, y al fondo el macizo de Valnera, que destaca en el horizonte desde cualquier lugar de la comarca.

Abandonamos en este punto el cortafuegos y descendemos hacia el Noroeste para retomar la senda original. Nos dirigimos hacia el Pico Pindio, sobrepasando un grupo de cabañas en el extremo norte del poblamiento de tipo pasiego. Son cabañas de altura, algunas abandonadas ya, dedicadas a la estabulación del ganado en el periodo estival cuando se aprovechan los pastos de esta zona.

Mantienen los caracteres arquitectónicos de la pasieguería, sólidas construcciones con tejados de pizarra, pocos vanos, escalera exterior de acceso al pajar, orientación al mediodía, y una distribución interna que refleja su uso mixto para satisfacer las funciones de vivienda, pajar y establo.

Hemos rodeado ya la cabecera del Suscuaja, que nace de la unión de varios pequeños torrentes de gran pendiente y drena la reducida cuenca enmarcada entre el Pico Lindaro, el Somo de Noja, y el Pico Pindio. La impermeabilidad del sustrato arcilloso, y las elevadas precipitaciones del conjunto, por encima de los 1500 mm anuales, favorecen el desarrollo de la cuenca.

Continuamos descendiendo hacia el Oeste, disfrutando de la perspectiva sobre el valle de Cayón, el sector oriental de la Sierra del Caballar, y hacia el Norte, Penagos, con el arroyo de Benavieja y el pueblo de Llanos en primer plano y al fondo los tintes rojizos de las antiguas explotaciones mineras de Cab‡rceno sobre la vertiente Sur de la Sierra de Cabarga.

Al llegar a la Tejera del Corra, se atraviesa una portilla y el camino desciende ligeramente hacia el Norte. Es necesario seguirlo para rodear una parcela de eucaliptos. Entramos ya en un ambiente con otras características. Se trata de una zona de pastizales donde las explotaciones ganaderas aparecen con un concepto m‡s moderno y plenamente integradas en las redes mercantiles y de comunicación al margen de las características tradicionales del caso anterior.

El descenso hacia Lloreda supone desde aquí unos veinte minutos por una pista asfaltada entre pastizales y rodales de roble que marcan los linderos entre las fincas.

Aquí concluye el itinerario, podemos regresar a Esles por una pista que recorre la mies entre ambos pueblos o por la carretera comarcal que asciende desde Santa María de Cayón.

 



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Gráfico de la ruta de la huella del ferrocarril

 


La huella del ferrocarril


DESNIVEL 20 Km, para recorrer en bicicleta
DURACIÓN Dos horas y media.
DIFICULTAD Fácil.



Descripción general de la ruta

La ruta comienza en La Cueva, un núcleo de poblamiento concentrado y reducidas dimensiones, que ocupa el espacio de transición entre la frondosa orla inferior del Monte Carceña y el cauce del río Pisueña, referencia tradicional para la localización de los asentamientos humanos en la comarca. A su paso por el municipio de Castañeda, ha formado una extensa llanura aluvial objeto secular de intensivos usos agrarios.

Se trata de una franja de topografía plana suavemente inclinada hacia el Oeste, formada con materiales finos arrastrados por la corriente en el sentido del flujo hacia el Pas.

La Cueva alberga varios edificios de la arquitectura popular de La Montaña, caracterizados por amplios balcones corridos en la fachada orientada al mediodía y muros de mampostería o piedra labrada con vanos en madera.

Circulamos hacia el Oeste por una pista asfaltada que transita entre prados y deja a la derecha un pequeño rodal de robles. En las zonas culminantes la vegetación autóctona compite de forma desigual con los usos madereros, aunque la continua presencia de jóvenes ejemplares de roble o castaño junto a los caminos indica el arraigo de las especies atlánticas a las condiciones climáticas y edíficas del monte.

Nos dirigimos después hacia la iglesia de San Sebastíán, pequeña construcción de finales del siglo XVI. Ascendemos desde aquí hacia el Norte por una antigua senda. En su culminación disfrutamos de una amplia panorámica sobre el valle. El camino, que aparece secundado por dos hileras de vegetación atl‡ntica, resulta inaccesible a partir de este punto. Desde este balcón, destaca al fondo, la sierra de Caballar, y en su base, la franja de vegetación de ribera que acompaña al Pisueña. Se trata de una línea continua de Alisos, robles, fresnos, sauces, laureles, acebos y espinos, que mantiene el equilibrio del ecosistema fluvial y permite evitar graves alteraciones del cauce.

Al regresar a la iglesia de San Sebastián continuamos hacia el Oeste. Superamos otra construcción religiosa, la rústica ermita de San José y alcanzamos la carretera Sarón-Torrelavega. Hemos de circular por el andén, suficientemente amplio, durante unos doscientos metros. Una vez superada la curva que describe la carretera, tomaremos a la derecha el tramo por donde circulaba el antiguo tren de Ontaneda, que unía el valle de Cayón y Castañeda con el arco de la bahía de Santander.

Una vez superado el núcleo de Pomaluengo, que se adapta linealmente al trazado de la carretera, dejamos el paseo para tomar una pista asfaltada que asciende hacia la derecha. Tras recorrer la ribera del Arroyo Mardiro, llegamos al pueblo de Socobio. Aquí, sobre una pequeña colina se halla la Colegiata de Castañeda, obra de referencia del románico regional, de la que se ocupa la ruta "Románico en el valle".

Descendemos hacia el río Pisueña, y tras cruzar sobre el puente que lo atraviesa, presidido por un cristo de humilladero, tomamos el primer camino a la izquierda. El río está aquí muy próximo a unir sus aguas a las del Pas, tras un recorrido de apenas treinta kilómetros desde la ladera occidental de los Picones de Sopeña en Selaya. Atravesó primero los materiales sedimentarios de carácter blando del Sur de Caballar, y se adaptó a este pasillo al Norte despues de originar una hoz sobre los materiales más resistentes de la sierra. No hay datos de aforo registrados, pero si cabe hablar de un río típico de la región cantábrica en lo que hace a su régimen anual de caudales. Salvo situaciones excepcionales, al final del verano, asociadas a precipitaciones intensas en cortos períodos de tiempo, los máximos son invernales y primaverales con estiajes moderados durante los meses de Julio y Agosto.

Tiene un comportamiento parejo al del róo Pas, con una dinámica muy viva y una acusada variación mensual pues las crecidas invernales son recurrentes y adquieren notable intensidad. Las fuentes históricas referencian catástrofes con pérdidas materiales y humanas desde el siglo XIV. El episodio de inundación más reciente data del 26 de Agosto de 1983.

Nos disponemos después a recuperar de nuevo la senda de la antigua vía de ferrocarril. Para ello nos dirigimos al barrio del Carmen, tomando el segundo camino a la derecha que atraviesa una terraza fluvial claramente visible en el corte de la calzada.

El camino gira otra vez a la derecha antes de alcanzar el barrio del Carmen y remonta el Pas hasta Puente Viesgo con el mismo trazado que seguía la vía férrea. Son apenas dos kilómetros acompañando al bosque de ribera aguas arriba de la confluencia con el Pisueña en la localidad de Vargas. Junto al cauce, alisos, sauces y fresnos se erigen en protagonistas del panorama vegetal, especialmente frondoso en esta parte de nuestro trayecto.

Tras alcanzar Puente Viesgo desandaremos lo andado, y esta vez incluiremos una visita al pintoresco barrio del Carmen antes de regresar al punto de partida recorriendo los pueblos de la margen izquierda del Pisueña. Pasaremos por La Herraz, Santocildes y San Román, pueblos ganaderos situados en la vertiente Norte de la sierra de Caballar, apenas unos metros por encima del nivel de la llanura de inundación del río.

Continuando la ruta desde San Román, descenderemos hasta el Molino de Reniro, para seguir después el trazado del camino parcelario hasta La Penilla. Antes de alcanzar la carretera nacional, tomamos a la izquierda de nuevo el sendero del antiguo ferrocarril hasta La Cueva, donde finaliza nuestro trayecto.


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Gráfico de la ruta del Río de Rubionzo y Robledal de Zarrizuela en Saro

 


Río de Rubionzo y Robledal de Zarrizuela en Saro


DESNIVEL 300 metros, entre 150 y 450 m.
DURACIÓN Tres horas.
DIFICULTAD

Fácil.

ÉPOCA RECOMENDABLE Todo el año, con especial interés al comenzar la primavera.



Descripción general de la ruta

Se trata de la cabecera de un pequeño valle de origen fluvial labrado sobre materiales arcillosos por un torrente de montaña, el río de Rubionzo.

El bosque atlántico, en forma de un extenso robledal que coloniza la ladera orientada al Norte, los restos de la actividad ligada a la generación de energía desde el siglo XVIII mediante el aprovechamiento de los recursos hidráulicos, y el actual modelo de explotación del medio, semejante al pasiego y basado en la parcelación de la superficie pastable y el cierre de las fincas, son otros de los atractivos de la ruta.

Partimos desde la plaza de Llerannnnna, frenteal ayuntamiento de Saro. Abandonamos el pueblo a través del puente que cruza el río Rubionzo, hacia el Sureste, por una pista ascendente que deja a la izquierda una antigua fábrica de electricidad, en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo.

La presencia en el pueblo de la antigua ferrer’a de La Magdalena, donde se fundió mineral de hierro hasta mediado el XIX, cuando se transformó en molino harinero con fábrica de chocolate, es otra muestra de la utilización tradicional de los ríos del municipio como generadores de energía. Podemos ver los restos del edificio junto al puente que atraviesa el río de Llerana en dirección a Coterillo o a Esles.

Al entrar en la del Rub’onzo, abandonamos la otra cuenca de drenaje del municipio, la del río Llerana, de mayor radio, y cerrada hacia el Este por el cordal que une Malladas, El Cueto y el Salao, divisoria orográfica y administrativa con el Miera.

Nos dirigimos hacia el Sureste por un tramo de camino carretero, el segundo a la derecha después del puente, que transita entre pastizales y vegetación atlántica dominada por avellanos, acebos y robles. El camino aparece enlosado en el centro y cerrado a la derecha por una pared de piedra que lo separa de las fincas.

Alcanzamos un ‡rea m‡s abierta y caminamos sobre un nivel de terraza cuaternario depositado por el río varios metros por encima del nivel del cauce actual. En la ladera izquierda del camino se reconoce un canal que descendía hacia la fábrica de electricidad desde una presa cuyo cierre aún puede verse aguas arriba. Unos metros por encima, en buen estado, y sin actividad desde la década de los setenta, encontramos un molino harinero que conserva aún la maquinaria original. Se accede, a la derecha del camino, por un puente de un sólo ojo, donde destaca el arco de medio punto que lo forma.

Sobrepasado el molino, y cien metros antes de alcanzar el río, tomaremos a la izquierda un camino ascendente que cambia el rumbo hacia el Este.

La ladera aparece aqu’ colonizada por el tojo, y el corte del camino muestra cantos rodados entre la arcilla, testimonio de un período en el que el río tuvo mayor capacidad de arrastre.

La panorámica sobre el valle es ya completa en este punto. Hacia el Este se ve la parte occidental de Picojeniro, y hacia el Sur y Suroeste,el núcleo de Abionzo, y el robledal de Zarrizuela, que se extiende por la ladera opuesta en forma de semicírculo entre los doscientos y los cuatrocientos metros de altura.

Caminamos desde aquí por una pista de tierra que ha sido abierta para la extracción de madera del pinar de repoblación que queda a nuestra espalda, y que separa el robledal y el bosque de ribera del pinar.

Nos encontramos en un bosque mixto de frondosas dominado por el robledal de Quercus robur, la especie de roble que mejor se adapta a los fondos de valle húmedos y ricos en nutrientes.

Junto a él, en las zonas próximas al río, los alisos, acebos, avellanos, tilos, fresnos, laureles y espinos, conforman un ejemplar bosque de galería.

Al divisar las dos primeras cabañas junto al río, descendemos por una pista que nos conduce al único puente que lo atraviesa aguas arriba del molino. Las cabañas se asemejan en su morfología a las pasiegas por el acabado exterior y la cubierta de pizarra, la reducida altura de la planta inferior indica su orientación para el ganado lanar. El objetivo aquí es penetrar en el robledal siguiendo el curso de un pequeño arroyo afluente del Rubionzo, que circula entre higueras de gran porte y nace un centenar de metros más arriba de una surgencia karstica.

En el río aparecen con frecuencia formas de erosión fluvial, entre las que destacan algunas "marmitas de gigante", pozas generadas por abrasión en movimientos turbillonares.

Al regresar a la vía principal, pronto alcanzamos un rellano en la ascensión entre los pinos, y descendemos desde aquí hacia el río en el marco de un bonito bosque de avellanos. Cruzamos sin dificultad el cauce y ascendemos entre los prados de la mies de Abionzo, para alcanzar este núcleo a través de una pista acondicionada para el acceso a las fincas.

Antes de llegar a la plaza, la perspectiva hacia el Sur, sobre el valle, es espectacular; hacia el Sureste, sobre el robledal De Todos, los Picones de Sopeña, divisoria entre el Pisueña y el Miera; al fondo del mismo cordal, la mole caliza de Valnera; hacia el Sur, el puerto de La Braguía, divisoria con el Pas, y hacia el Oeste el hayedo de Aloños.

El fondo de valle, abriéndose progresivamente hacia el norte, ofrece los caracteres típicos de los valles interiores cantábricos, con un lecho mayor amplio, donde se asientan los núcleos de población y las praderías más productivas, y un pie de monte fértil que da cabida a fincas de diente cercadas y acompañadas siempre de una cabaña para la estabulación, al menos estival, del ganado. Entre Selaya y Villacarriedo, tapizada por un pequeño robledal, el Pisueña ha elaborado una terraza fluvial de unos setenta metros de desnivel, que pierde altura hacia el Norte, y sobre la que se asienta el núcleo de Tezanos.

Desde la plaza de Abionzo, tomaremos el camino de Arroyo para recorrer el último tramo de la ruta en descenso hacia Llerana, en rumbo Norte. Lo hacemos primero junto a unos prados aterrazados, estrategia que deriva en un mayor aprovechamiento del espacio y de la escorrent’a superficial. Después atravesamos el robledal de Zarrizuela y alcanzamos el río aguas arriba del molino que nos serv’a de referencia antes de llegar de nuevo al punto de partida en Llerana.

El robledal y el bosque mixto de especies planocaducifolias constituye la formación típica de las tie de partida en Llerana.

 



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Gráfico de la ruta de El Alto del Caballar en Villafufre

 


El Alto del Caballar en Villafufre


DESNIVEL 400 metros. Entre 260 y 660 metros.
DURACIÓN Dos horas y media.
DIFICULTAD

Fácil. El recorrido se hace por pistas y senderos.

ÉPOCA RECOMENDABLE Todo el año.



Descripción general de la ruta

El río, que recorre el valle casi en línea recta de Sur a Norte, talla en la sierra una estrecha hoz, para seguir después rumbo paralelo a la elevación montañosa, en busca de su desembocadura en el río Pas. Atravesaremos también una vaguada cubierta de bosque autóctono.

Partimos del alto de San Martín, a mitad de camino entre los valles del Pisueña y del Pas, en la carretera que une Santibáñez de Carriedo con Puente Viesgo. En San Martín, nos desviamos a Sandoñana. En la primera curva, junto a una casa, dejamos la carretera para seguir recto por un camino. Ascendemos entre castaños, robles, prados y cabañas unos 40 minutos, ignorando las desviaciones que salen al paso.

Alcanzamos una cabaña asentada sobre un amplio collado. Desde este punto, se domina el valle del Pisueña hacia el Sur y hacia el Este, con los núcleos de San Martín, Sandoñana, Penilla y Susvilla. Podemos apreciar la forma lineal del pueblo de San Mart’n, construido a lo largo del camino que une los dos valles. Las otras aldeas tienen las casas agrupadas configurando núcleos aproximadamente circulares. Hacia el Oeste y el Suroeste, encontramos los pueblos de Ojuriego y Trasvilla en primer término, y enfrente y al pie de un hayedo relativamente extenso, el núcleo de Rasillo. Cierra la perspectiva el valle del río Pas.

En esta vista general del valle se aprecia la distribución de los grupos de árboles. Unos medran alojados en las vaguadas que bajan de la sierra, beneficiándose de la mayor humedad ambiental que encuentran en las márgenes de pequeños torrentes y otros se desarrollan en los linderos que separan fincas. Ambos emplazamientos han sido respetados por la explotación forestal. En el primer caso, porque el terreno de las vaguadas es a menudo quebrado y difícil de transitar, lo que hace demasiado costosa la extracción de la madera. En el segundo porque la propiedad particular y el aprovechamiento directo que hacen de ellos sus dueños los ha protegido. Los árboles de bordes y linderos compartimentan el terreno cultivado y satisfacen las pequeñas necesidades de madera. Podría decirse que el uso tradicional los conserva.

Salta a la vista el contraste que ofrecen estos espacios con las laderas de pendiente continua de la sierra, que han sido aprovechadas de forma intensiva para el cultivo forestal.

El camino se divide en el collado. A derecha e izquierda, una pista forestal mantiene una altitud constante, recorriendo la ladera Sur de la sierra. Nosotros continuaremos por el ramal que asciende decididamente hasta el Alto del Caballar, cuya cima está rematada por una antena de comunicaciones.

Si hasta el collado la vegetación dominante estaba formada por especies de hoja caduca, desde esta altura y hasta la culminación, el monte está cubierto de pinos, y en menor medida de eucaliptos. La ascensión no tiene ninguna dificultad. La cima se alcanza en unos 20 minutos y ofrece una panorámica muy completa de la zona, que se extiende hacia el Oeste hasta las montañas de Campoo, y hacia el Norte hasta la bahía de Santander.

Regresamos hasta el collado por el mismo camino. Durante la bajada, estamos viendo en primer plano una vaguada que se extiende a nuestros pies en dirección al río Pas.

Frente a nosotros vemos la ladera orientada al Norte cubierta por un denso bosque autóctono en el que dominan robles y castaños, y que vamos a atravesar siguiendo una senda poco marcada. Para ello, tomamos en el cruce de caminos del collado, la pista forestal que sale a nuestra derecha en el sentido de la bajada. A escasos cien metros abandonamos el camino principal y nos desviamos por un ramal que desciende hacia el interior de la vaguada. Pronto queda interrumpido por un pequeño torrente, que lo corta en su descenso desde la sierra. Con un poco de atención se reconoce a mano izquierda una estrecha senda que penetra en el bosque. Al principio, la vegetación está formada por matorrales y puede parecer difícil avanzar, pero en unos minutos, atravesada la orla de matorrales, se penetra en un robledal con ejemplares de gran porte, donde no faltan otros árboles que habitualmente acompañan a este tipo de bosque: acebos, castaños, hayas, y en las orillas de los pequeños cursos de agua, sauces, arraclanes y alisos.

Seguimos recorriendo la senda, aunque en algœn momento el paso se vea dificultado por la vegetación. Pronto encontraremos otro riachuelo. Al atravesarlo, la estrecha vereda se ensancha y se hace camino. Ahora estamos sobre la ladera más húmeda de la vaguada y empiezan a ser abundantes los castaños. Un poco más adelante, el camino se bifurca. Hacia la derecha desciende en dirección a Trasvilla y Ojuriego.

Nosotros tomaremos la desviación de la izquierda que remonta la vaguada hasta salir al collado del que partimos. En total habremos invertido unos treinta minutos en atravesar el bosquete.

Hemos visto que la mayor parte de la vegetación arbórea de la sierra son pinos y eucaliptos cultivados con fines industriales. Las laderas descubiertas muestran las marcas de la extracción industrial de la madera, y el trazado de las pistas, que ciñen el monte a distinta altura, delata la intensidad de esta actividad. Sin embargo, entre los pinos y los eucaliptos aparecen frecuentemente robles y castaños jóvenes, en un intento tímido pero visible de recuperar el terreno cedido a las especies cultivadas. Los rodales de robles, castaños, fresnos, arces y alisos alojados en las principales vaguadas, conservan ejemplares de gran tamaño, que dan idea de la vitalidad que tuvieron hasta hace poco tiempo estos bosques.

Para cerrar la ruta bajamos desde el collado en dirección a San Martín ignorando un par de desviaciones que salen a nuestra derecha. Al llegar a una curva desde la que se domina Sandoñana, abandonaremos el camino principal para dirigirnos por la izquierda hasta esa aldea, y desde allí a San Martín.

 



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Gráfico de la ruta del Monte de Cabarga y Castril Negro en Penagos

 


El Monte de Cabarga y Castril Negro en Penagos


DESNIVEL 300 metros, entre 150 y 450 m.
DURACIÓN Dos horas y media.
DIFICULTAD

Fácil.

ÉPOCA RECOMENDABLE Todo el año.



Descripción general de la ruta

La montaña de Cabarga fue apreciada desde la antigüedad por su abundante contenido en hierro. El mineral no se encontraba formando vetas, sino en nódulos de óxido mezclados con la arcilla que rellenaba grietas y huecos en esta montaña caliza. La extracción del mineral se hacía a cielo abierto. Se sacaba la arcilla y luego se lavaba para separarla del mineral.

El transporte hasta el lavadero y luego hacia los puntos de embarque en la ría de Solía, se hacía en vagonetas por tierra sobre raíles o por el aire suspendidas de cables transportadores. Ambos sistemas recorrían profusamente las laderas de la sierra y hoy podemos ver su huella.

Desde el cierre de las explotaciones la recuperación activa del entorno natural en unos casos, y la colonización y extensión espontánea de la vegetación en otros, ofrecen ahora un conjunto de ambientes y paisajes poco frecuentes y de innegable interés.

La ruta parte de Cabárceno. Detrás de su iglesia está el Lago del Acebo, un apacible estanque rodeado de varios tipos de sauces, donde se puede practicar la pesca.

En origen era un depósito de agua para el lavado del mineral, y actualmente ha sido recuperado como un pequeño lago. Cuando funcionaba la mina, el lavado de las arcillas exig’a disponer de agua abundante, que se almacenaba en zonas bajas del terreno o en los hoyos que generaba la propia actividad extractiva, convenientemente acondicionados.

Rodeamos el lago, dej‡ndolo a nuestra derecha, por la pista que sale del aparcamiento, y nos dirigimos hacia el conjunto de casas que vemos en un alto en dirección Este. La agrupación más cercana al monte forma el barrio de La Mazuga. Llegamos hasta él y lo sobrepasamos siguiendo la antigua carretera que asciende entre una espesa vegetación de robles y laureles.

En estas zonas bajas de la sierra, de suelo profundo y arcilloso, podemos encontrar robles, fresnos, castaños, nogales y frutales, que desaparecen ladera arriba, dando paso a encinas y madroños, mejor adaptados al suelo calcáreo y a las grietas del terreno.

Ascendemos quince minutos y pasamos una casa aislada en un montículo. La carretera da un rodeo para sortear una profunda grieta poblada de vegetación. Sobrepasada, tomamos cualquiera de las sendas de ganado que ascienden hacia el Oeste, a la izquierda en el sentido de la marcha, por el dorso de la ladera.

Conforme ganamos altura, vemos la extensión de lo que habíamos llamado grieta y que es en realidad una antigua explotación minera.Se aprecia el reducido tamaño y la considerable profundidad de los hoyos que generaban estas explotaciones mineras. Ahora, la imagen que presentan se parece más a un laberinto de agujas calizas, con los pasadizos cegados por arbustos y árboles que han sabido aprovechar el frescor húmedo de las grietas. Hiedras, madreselvas, zarzas, lianas, junto a chopos, sauces, acacias, robles y espinos tapizan los huecos.

La formación de los pinículos, o agujas de lapiaz, resulta de la evolución natural de la roca caliza bajo un clima cálido y húmedo, con abundante vegetación. El agua de lluvia disuelve el carbonato cálcico de la roca, abriendo grietas y separando las agujas unas de otras. Esas grietas se rellenaron con arcilla y con los otros componentes de la roca que no pueden ser disueltos. Al ser extraídos después por la actividad minera, han dejado al descubierto el actual paisaje de agujas calizas.

Vamos subiendo suavemente y encontramos pinos y eucaliptos. Si en el eucaliptal perdemos la senda entre la maleza, debemos salir siempre hacia arriba, en busca de otra más transitable. En pocos minutos encontramos un bosquete de acacias (Robinia pseudoacacia) que ocupa una suave vaguada en el centro de la ladera. Este árbol, introducido en Europa desde los EE.UU. a mediados del s.XVII, se ha extendido y naturalizado con facilidad en la región. Rodeamos el acacial, y nos dirigimos hacia un grueso muro de mampostería que vemos más arriba. Es una plataforma de raíles, para el ferrocarril de vagonetas que cargaría el mineral de la mina que hay a sus pies.

Desde aquí subimos al alto de Castril Negro por el camino más corto. Dessde arriba se domina la bahía de Santander y el valle de Penagos completamente, además de una buena parte del Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

Continuamos ahora por la cresta hacia el Oeste, hasta alcanzar el siguiente collado, donde encontraremos el tercero de los emplazamientos mineros. Se conservan restos de construcciones, como apoyos de piedra, puentes y restos de una estación de carga de vagonetas, entre otros.

Desde el collado iniciamos el regreso. El camino más cómodo consiste en retroceder hasta el grueso muro de piedra y rodear el Castril Negro por la ladera Sur.

Otra posibilidad es descender por el plano inclinado que baja desde el collado. Se identifica claramente, como un camino empedrado, recto, con fuerte pendiente que desciende oblicuamente la ladera. Un plano inclinado es en origen, un tramo de ferrocarril de vagonetas de gran pendiente. Para regular la velocidad de descenso, se recurría a un gran tambor situado en la parte alta, donde iba arrollado el cable de tracción y donde actuaba el freno. Este plano tiene unos 300 metros de longitud, y aunque en algunos tramos la vegetación dificulta el tránsito, se puede progresar usando los pasos del ganado. El plano termina en un prado donde se ven las ruinas de la estación inferior. Cerca de unas encinas centenarias, podemos tomar una senda de ganado hacia la izquierda que nos llevará unos metros por debajo del muro de piedra, hasta el borde del acacial.

Desde aquí o desde el muro, bajamos por la senda que discurre en el límite entre el bosquete de acacias y la mina. Pronto alcanzamos los prados en la base de la sierra e inmediatamente, la pista que nos conducirá hasta el Lago del Acebo.



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