Patrimonio Religioso

Arquitectura religiosa
El Románico
Las Hermitas de los Siglos XVI, XVII y XVIII
Otras construcciones religiosas
Viacrucis y humilladeros


 


Arquitectura religosa

La arquitectura religiosa ocupa un destacado lugar dentro de los bienes patrimoniales que posee la comarca. Son muchos y variados los templos dedicados a la devoción católica que se extienden a lo largo del valle del Pisueña y que han ido apareciendo en el transcurrir de los siglos.

Desde la Edad Media, con ejemplares románicos de inestimable valor, hasta los rasgos artísticos propios del siglo XX, encarnados en la iglesia parroquial de Sarón, multitud de conceptos arquitectónicos tienen cabida en el Pisueña.

A parte de sus diversos caracteres artísticos, la figura de la iglesia ha jugado secularmente un papel preponderante en la fijación de la población al territorio y en la consolidación de los asentamientos, propiciando el desarrollo de un marco político basado en el concejo, el cual coincide en la mayor parte de los casos con el territorio de percepción de derechos parroquiales.

Este papel preponderante queda reflejado en la localización que presentan dentro de la aldea, ocupando generalmente el lugar central y más destacado, como se observa en la mayor parte de los pueblos de la comarca. Es el caso de la iglesia de San Juan Bautista en Selaya o la de San Tirso en Saro que constituyen así un elemento de reunión. Otras veces se hayan en un lugar aislado, y son compartidas por varias aldeas, como ocurrió en origen con San Miguel del Monte Carceña, que servía a los antiguos núcleos de La Penilla, La Encina y La Cueva. Aunque la mayoría destaca por la monumentalidad de su construcción, como la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda, San Andrés en Argomilla o San Jorge en Penagos, multitud de barrios poseen su propia ermita, que en muchos casos gozan de un peculiar atractivo. Es el caso de Nuestra Señora de las Nieves en Pisueña, que en su rústica fábrica muestra la humildad de los pueblos a los que servía.

La diversidad, en suma, es el rasgo que mejor define el arte religioso en el valle del Pisueña.

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Vista general de la Colegiata de Castañeda








Capitel de la portada

 

 




San Andrés de Argomilla de Cayón

 

 



Canecillos del ábside. San Andrés

 

 



Iglesia románica de Santa María de Cayón

 

 



San Miguel del Monte. Carceña. La penilla de Cayón

 

 



Portada de San Miguel del Monte. Carceña

 


El Románico

Dentro de la Comarca del Pisueña contamos con varias construcciones románicas de gran valor. La más importante de ellas es la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda, declarada Bien de Interés Cultural en 1930, que está considerada como una de las más notables muestras de este arte en nuestra región.

Se sitúa en una colina, sobre el pueblo de Socobio y data del siglo XII. Su construcción original presentaba una planta románica de cruz latina, con tres ábsides, una robusta linterna y la torre, adosada al muro de una de las naves del crucero. Actualmente aparecen nuevos elementos, como la nave lateral del s. XIII, y la capilla perpendicular a ella del s. XVII. Ya en el siglo XVIII se destruyó la nave derecha del crucero y su ábside, para sustituirla por una capilla neoclásica y la sacristía.

La portada, de medio punto, está adornada por ocho arquivoltas apoyadas sobre capiteles con figuras de serpientes, cabecitas y animales monstruosos.

La torre está formada por dos cuerpos. En el superior y más estrecho, se sitúan las ventanas dobles ajimezadas. El ábside central se halla dividido por tres columnas, y sus ventanas, con arquivoltas decoradas, se apoyan sobre una imposta de dados. El ábside lateral que queda es muy sencillo, sólo decorado por una imposta de billetes bajo la ventana.

La linterna está formada por dos cuerpos, el inferior de forma cuadrangular y el superior, que lleva los ángulos cortados por amplios chaflanes, lo que da una estructura casi octogonal.

Interiormente, la nave principal está cubierta con bóveda de medio cañón, dividida en tres partes por arcos fajones apoyados sobre columnas. El crucero está formado por cuatro arcos torales que dan una estructura cuadrada sobre la que se apoya la cúpula. En la parte baja del ábside principal se aprecian una serie de arcos decorativos con capiteles iconográficos.

El segundo elemento a destacar del arte románico de la comarca es la iglesia de San Andrés, declarada bien de interés cultural en 1982. Está situada en el pueblo de Argomilla y durante la mayor parte de su historia constituyó un señorío abacial que comprendía un coto redondo de una legua de perímetro en torno a la iglesia.

Fue construida en la primera mitad del siglo XII y tiene una sola nave, terminada en un ábside semicircular que se divide en tres cuerpos separados por columnas con capiteles decorados. Tanto en los muros norte y sur, como en el ábside, destacan los canecillos con forma variada, especialmente con figuras de animales. Sobre ellos aparece una cornisa de billetes.
<<<Foto 29: Canecillos del ábside. San Andrés.
Las ventanas más destacables son las del ábside, una estrecha con dos columnas y la otra más esbelta mostrando sobre el arco una arquivolta de billetes. La portada, con arco de medio punto presenta cuatro arquivoltas talladas y capiteles variados. Sobre el pórtico, se eleva la torre, cuya primera planta es de época románica tardía y el resto de los siglos XVI y XVII. En el interior, podemos ver el ábside cubierto con bóveda de horno y el largo presbiterio con bóveda de medio cañón. La nota de originalidad la pone una imposta sostenida por pequeños canecillos que se sitúa sobre las ventanas del ábside, y sirve de separación entre el muro y la bóveda.

En una dependencia aneja se guardan una colección de sarcófagos medievales de gran valor. Con 18 ejemplares es la segunda más importante de la región después de la de Santillana del Mar. Se les sitúa a lo largo del siglo XII y la primera mitad del siglo XII, si bien los más antiguos se remontan a finales del siglo X.

El tercero de los monumentos románicos del valle es la iglesia de Santa María, situada en el núcleo de Santa María de Cayón. Data de mediados del siglo XII y se caracteriza por su importante desarrollo en altura. En origen debió de tener una sola nave, a la que después, aún en época románica, se añadió el crucero. En la construcción resalta la gran espadaña y la sencilla portada con cinco arquivoltas, cubierta por un tejadillo sostenido por canecillos. En el interior destacan los arcos con capiteles que aparecen bajo las ventanas del ábside.

Hay información del s. IX sobre la existencia de la iglesia de Santa María de Pangorres, advocación que probablemente se transmitió a la que hoy nos ocupa.

Aunque de construcción más tardía no podemos olvidar la pequeña ermita de San Miguel del Monte Carceña, que antaño servía a los fieles de La Cueva, La Penilla y La Encina de Cayón. En su arquitectura se pueden apreciar elementos tanto de tradición románica como gótica, lo que nos indica que se trata de un edificio de transición entre ambos períodos.

Es una construcción de una sola nave de reducidas dimensiones, acabada en ábside semicircular, que presenta canecillos con figuras de tradición románica. El ábside realizado en sillería, al igual que los esquinales; el resto es mampostería. La fachada orientada al Sur, al lado de la Epístola, alberga la portada principal, constituida por un arco apuntado decorado con flores y dientes de sierra y estrellas. El conjunto culminaba, en origen, con una espadaña situada sobre la fachada Oeste, hoy desaparecida. Su actual buen estado responde a una restauración que la liberó de las ruinas.


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Iglesia de San Jorge. Penagos

 

 



Ermita de San Vicente

 

 



Torre de la iglesia de San Cipriano

 

 



Iglesia del Carmen. Bárcena de Carriedo

 

 



Ermita de Nuestra Señora de Valvanuz. Selaya.



 


Las Hermitas de los Siglos XVI, XVII y XVIII

A parte de las construcciones románicas, la mayor parte de los edificios religiosos de la comarca están datados en torno a los siglos XVII y XVIII. Sin embargo también existen notables templos del siglo XVI. El más destacable de ellos lo encontramos en Penagos; es la iglesia de San Jorge, declarada bien de interés cultural en 1991. Se halla rodeada de un viacrucis de piedra y está compuesta por tres naves con cuatro tramos abovedados cada una, y un ábside poligonal, rasgo característico del estilo gótico. La torre, de cuatro pisos, se construyó en el siglo XVII. En el interior alberga tres valiosos retablos.

Del mismo período es la ermita de San Vicente que se construyó a principios del siglo XVI. Se sitúa en el alto del mismo nombre, sobre el núcleo de Lloreda. Consta de una sola nave y un ábside rectangular. Presenta rasgos arquitectónicos populares como se observa en su sencilla construcción y escasa decoración. Sobre el conjunto destaca una esbelta espadaña. En este mismo lugar se situaría el primitivo Monasterio de Fístoles cuyo origen se remonta al s. IX, constituyendo el primero de los focos colonizadores de los que se tiene noticia en la región.

También de principios del s.XVI es la iglesia parroquial de Tezanos, dedicada a la Asunción de María. Presenta planta de cruz latina terminada en ábside, y espadaña a los pies. En el ábside y portada se aprecian motivos decorativos con influencia de tradición románica. En su interior alberga el retablo mayor más antiguo del valle y una interesante talla de Santa Ana de rasgos góticos.

La iglesia de Santibáñez, comenzada a construír en el mismo siglo, presenta uno de los retablos más peculiares de la región, ya que la estructura de su entablamento es casi circular.

Otras construcciones del mismo siglo son la iglesia parroquial de La Cueva dedicada a San Sebastián, la pequeña iglesia de Santiago en Pedroso, de tradición gótica, o la ermita de San Bartolomé en Selaya.

Las que cuentan con mayor representación en la comarca son las construcciones del siglo XVII, caracterizadas por rasgos barrocos y renacentistas. Las más destacadas son la Iglesia de la Virgen de los Remedios en Llanos, San Juan Bautista en Lloreda, San Cipriano en Esles, San Lorenzo en Llerana, Nuestra Señora del Carmen en Barcena de Carrriedo, San Juan Bautista en Selaya, sin olvidarnos de la ermita de la venerada Virgen de Valvanuz.

La Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios presenta una portada de estilo renacentista. La sólida torre tiene ocho ventanas y un pequeño claustro adosado, sostenido por columnas de piedra. Alberga tres retablos del s. XVIII. El mayor de ellos contiene una talla de la Virgen de los Remedios.

La iglesia de San Juan Bautista de Lloreda cuenta con una sola nave abovedada terminada en ábside cuadro y una torre adosada. En la fachada Sur presenta un reloj de sol que fechado en 1576 es el más antiguo que se conserva en Cantabria.

En Esles se ubica la iglesia de San Cipriano, que destaca por su amplitud y está formada por una nave con cuatro tramos abovedados. La torre es moderna. El retablo salomónico de mediados del XVIII presenta interesantes relieves.

La iglesia de San Lorenzo en Llerana se distingue de las demás por poseer una de las torres barrocas más hermosas de la región en cuyo interior se ha ubicado el Museo del Indiano. Presenta planta de cruz latina.

La iglesia de Nuestra Señora del Carmen es una construcción de tres naves, con ábside en la principal. La completa una torre-campanario y puede verse un reloj de sol en uno de los ángulos del tejado. El retablo es del s. XVII. Junto a la iglesia, hay un magnífico roble (Quercus petraea) catalogado como Árbol Singular de Cantabria. Tiene una altura de 15 metros y su tronco mide 3,70 m de circunferencia.

La iglesia parroquial de Selaya está dedicada a San Juan Bautista. Presenta planta de cruz latina y espadaña de dos cuerpos. Destaca la cubierta con bóvedas de crucería y los cinco retablos con valiosas tallas que alberga en su interior.

A las afueras del mismo pueblo, en la carretera de Bustantegua, se ubica la ermita de Nuestra Señora de Valvanuz. Está formada por una sola nave dividida en cuatro cuerpos separados por tres arcos. En la mitad del santurario está la reja, que divide lo que fue el primer santuario de la parte más moderna. Sobre el altar se halla la imagen de la Virgen, que es venerada por los devotos de la comarca pasiega cada quince de Agosto. Se trata de una virgen sedente con el niño sentado sobre su rodilla izquierda. Está tallada en madera y mide unos 60 cm. Por sus rasgos de frontalidad y hietarismo pertenece al período de transición entre el románico y el gótico. Está fechada en torno al siglo XIII.

Otros templos a destacar que pertenecen al mismo siglo son por ejemplo, la iglesia de San Juan Bautista en el Arenal, la iglesia de Santa María Magdalena en La Penilla de Cayón o la iglesia parroquial de Cabárceno.

Existen también multitud de templos religiosos de cronología posterior. Una de las contrucciones más notables del siglo XVIII es la iglesia parroquial de Villacarriedo, que venera a San Martín, es una construcción de 1726. Tiene planta de cruz latina y espadaña de dos cuerpos, bajo la que destaca una hermosa portada con pilastras estriadas, presidida por una hornacina con la imagen del santo patrón.

En Saro de Arriba se sitúa la iglesia parroquial de San Tirso. Data del siglo XVIII y está formada por tres naves y el crucero, que conforman una planta basilical. Destaca la portada principal y la ventana románica que se conserva bajo la espadaña, como vestigio de una construcción anterior. En la parte de atrás se encuentra un escudo con las armas de Castillo y alianzas. Frente a la iglesia hay un humilladero con una cruz tallada en piedra, del siglo XVIII, que se ubica sobre un alto pedestal.

La ermita de Penilla de Villafufre, del siglo XVIII, se caracteriza por presentar planta de cruz griega con espadaña a los pies, y una portada que destaca por su sobriedad. Esta construcción es parte de la Obra Pía, fundada por Don Manuel Rodriguez de la Vega en el siglo XVIII, que además está formada por casas y escuelas dispuestas en torno al gran patio central en el que se ubica la iglesia.


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Convento de la Canal. Villafufre

 


Otras Construcciones religiosas

Sobre la loma que domina el Valle de Carriedo, en el municipio de Villafufre, se levanta el Convento de La Canal, que ha sido recientemente abandonado por la comunicad religiosa de monjas Concepcionistas que lo ocupó originariamente. Hoy está habitado por una comunidad seglar.

Es una obra barroca, construida y fundada por Don Domingo Herrera de la Concha y Miera. Desde el punto de vista arquitectónico, el conjunto está formado por el claustro, la iglesia, las cuadras, las dependencias privadas y la huerta. El claustro es de planta cuadrada, está sustentado por arcos de medio punto y en el interior tiene un hermoso jardín. Desde el mismo se accede a los cobertizos del ganado y al resto de departamentos del convento. Es preciso destacar la importancia de las dependencias del ganado, pues esta comunidad se distinguía por basar su sustento en la ganadería y la agricultura.

Desde su construcción la iglesia ha venido siendo el lugar de oración del barrio de La Canal y en ella destacan las estatuas orantes de los fundadores, realizadas por el escultor Gabriel de Rubalcaba. La portada que da acceso al convento tiene un gran escudo timbrado por yelmo, con dos estrellas de ocho puntas a los lados y con las armas de Herrera, Miera y Concha. En la fachada hay un reloj de sol policromado.

Otra de las órdenes religiosas de la comarca es la que encontramos en el Colegio de los PP Escolapios. Este centro fue fundado por Don Antonio Gutiérrez de la Huerta, un carredano de familia humilde que llegó a ser Administrador de la Real Aduana de Cádiz, Caballero de Santiago y Consejero de la Contaduría Mayor de Cuentas del rey. Antes de fallecer encomendó a su sobrino que levantara un colegio para los niños de Villacarriedo. Así en 1746 comenzó a funcionar el colegio de la mano de los P.P. Escolapios, y desde entonces ha venido siendo cuna de cultura del ámbito regional o incluso nacional. El edificio data del año 1884 y fue construido a partir de una primitiva torre ubicada en el vecino pueblo de Tezanos.



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Humilladero de las ánimas. Esles de Cayón

 

 

 



Rollo heráldico con humilladero. Selaya

 

 



Viacrucis de madera. Esles

 


Viacrucis y humilladeros

Otro elemento patrimonial que forma parte del arte religioso son los humilladeros, que en nuestra comarca destacan tanto por su gran número, respecto a otros valles de la región, como por su variedad respecto a la temática que representa y los materiales utilizados en su construcción.

La mayor parte de ellos se levantaron en torno al s. XVIII, y aparecen sobre todo en las márgenes de los caminos, aunque tampoco faltan los que se ubican dentro de un núcleo de población, o incluso en la plaza del pueblo.

Su finalidad era muy diversa: unas veces se construían como indicadores del camino, o como símbolos de protección al viajero; otras veces eran fruto de una promesa o de devociones privadas, como se puede ver en algunas inscripciones, pidiendo de este modo al caminante una oración por el devoto que la levantó. En algunas ocasiones pueden responder al recuerdo de una muerte trágica.

Suelen aparecer resguardadas en el interior de pequeñas capillas, llamadas asubiaderos, compuestas por planta cuadrada o rectangular, con arco de entrada de medio punto y tejado a dos o cuatro aguas. No obstante, algunas cruces de piedra aparecen al descubierto.

Algunos humilladeros consisten simplemente en una cruz sin representación figurada. De este tipo es la de Saro de Arriba, que se sitúa en la plaza del pueblo, frente al la iglesia de San Lorenzo. Otra aparece en Lloreda, y se sitúa en la esquina de la tapia que bordea la ermita de Santa Lucía. En Cabárceno se puede contemplar otra cruz latina decorada con moldura. Su ubicación original no corresponde con el lugar en el que hoy se asienta, ya que en las inscripciones de los brazos se lee "Penagos" y "Pámanes", lo que indica que servía como hito, entre los dos pueblos.

Más interesantes que las anteriores son las cruces con la presencia del Cristo como única imagen representada, ya que además de permitir la observación de ciertos matices escultóricos, destacan por su poca frecuencia en la región. El más importante de este tipo es el que aparece en Selaya, en la carretera que se dirige a Vega de Pas. La cruz en este caso se encuentra en el interior de una pequeña capilla de sillería cubierta por un tejado a dos aguas. A través del arco de medio punto de entrada, se puede observar la talla de Cristo de estilo popular. Tiene los ojos cerrados y sobre su cabeza se distingue la corona de espinas. En el pedestal aparece una inscripción: "De 1707".

Otros humilladeros además del Cristo crucificado llevan otras imágenes asociadas, los santucos de las ánimas: San Francisco ofreciendo su cordón a las almas del purgatorio para salvarlas del fuego eterno. También es usual que aparezca la virgen de la Soledad. Existe un humilladero de este tipo junto al puente de Socobio, Castañeda. Se trata de una talla de piedra de Cristo crucificado. Se halla situado sobre un pedestal moderno, aunque el basamento original tenía talladas las imágenes de La Dolorosa y San Francisco rescatando ánimas del purgatorio. Se trata de una cruz de dimensiones muy cortas, que no sobrepasa las del Cristo, en el cual destaca la desproporción de los volúmenes y el empeño en la talla del rostro.

En otros casos, el Cristo pierde protagonismo, de manera que las escenas de los santucos de las ánimas ocupan la parte principal del humilladero. El ejemplo más representativo aparece en Esles, inserto en una tapia del Barrio del Cruce. En los detalles de la talla parece vislumbrarse la mano de un artista destacado, más que un simple maestro popular. Un cristo crucificado preside el conjunto.

En Lloreda, a la entrada de la iglesia parroquial de San Juan Bautista, se ubica otro hunilladero de las ánimas. Está compuesto por una cruz de pequeñas dimensiones que se halla sobre una columna en cuyo centro aparece tallada una imagen con San Francisco rescatando álmas, rodeada de múltiples hojas y flores.

El humilladero más importante dentro de este apartado, es el ubicado dentro de un rollo heráldico en Selaya. En un principio debieron ser muy abundantes este tipo de humilladeros en la montaña, pero actualmente son bastante raros de ver. El de Selaya es el más monumental de los rollos con iconografía de las ánimas. Construido en sillería, presenta una planta circular y está dividido en dos cuerpos; uno ocupado por la hornacina de medio punto en la que se hallan las imágenes representativas: aparece San Francisco rescatando álmas, con la Virgen de la Soledad a la derecha. En este caso se suma también la devoción local, con la imagen de la virgen de Valvanuz situada en la parte izquierda. El otro cuerpo está dedicado al escudo de la familia, que representa los apellidos de Samano y alianzas.

Los santucos de la pasión son los dedicados a la Pasión y Muerte de Cristo. También suelen aparecer el pecado y varias advocaciones de la Virgen y los Santos relacionados con la Redención, como Santo Domingo y San Francisco. El mejor ejemplo de este tipo de humilladeros aparece en Barcena de Carriedo. Consiste en una cruz de madera situada a la entrada del pueblo, y albergada dentro de una capilla de sillería y tejado a dos aguas. Los temas que trata se basan en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y se recrean mediante pequeñas escenas situadas a lo largo del brazo y del mástil de la cruz.

Existen también varios viacrucis completos en la comarca que constituyen parada obligatoria en las procesiones. Uno de los más conocidos de la comarca, es de Selaya, que comienza en el centro del pueblo y desde ahí, cada una de las catorce estaciones jalonala ascensión hacia la ermita de la venerada Virgen de Valvanuz. Es bastante reciente, de 1978, aunque con seguridad sustituiría a otro más antiguo. Se extiende a lo largo de algo más de dos kilómetros y son de piedra y hierro forjado.

El viacrucis de Esles es de madera y comienza a la entrada del pueblo, junto a la Ermita del Angel, y desde allí se dirige hasta la iglesia parroquial de San Cipriano, en el centro del mismo.

Otro viacrucis, pero esta vez con las cruces de piedra se encuentra en Penagos. En este caso las catorce estaciones se sitúan alrededor de la iglesia de San Jorge, del siglo XVI.

En el Arenal aparecen un par de cruces pertenecientes a un antiguo y vello viacrucis de piedra, que marcaba los pasos que los habitantes del pueblo recorrían en época de penitencia. Una de ellas se puede observar en el barrio de Pindio, ubicada sobre una fuente más moderna.


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