Patrimonio Religioso
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La arquitectura religiosa ocupa un
destacado lugar dentro de los bienes patrimoniales que posee la comarca.
Son muchos y variados los templos dedicados a la devoción católica que
se extienden a lo largo del valle del Pisueña y que han ido apareciendo
en el transcurrir de los siglos.
Desde la Edad Media, con ejemplares románicos de inestimable valor, hasta los rasgos artísticos propios del siglo XX, encarnados en la iglesia parroquial de Sarón, multitud de conceptos arquitectónicos tienen cabida en el Pisueña. A parte de sus diversos caracteres artísticos, la figura de la iglesia ha jugado secularmente un papel preponderante en la fijación de la población al territorio y en la consolidación de los asentamientos, propiciando el desarrollo de un marco político basado en el concejo, el cual coincide en la mayor parte de los casos con el territorio de percepción de derechos parroquiales. Este papel preponderante queda reflejado en la localización que presentan dentro de la aldea, ocupando generalmente el lugar central y más destacado, como se observa en la mayor parte de los pueblos de la comarca. Es el caso de la iglesia de San Juan Bautista en Selaya o la de San Tirso en Saro que constituyen así un elemento de reunión. Otras veces se hayan en un lugar aislado, y son compartidas por varias aldeas, como ocurrió en origen con San Miguel del Monte Carceña, que servía a los antiguos núcleos de La Penilla, La Encina y La Cueva. Aunque la mayoría destaca por la monumentalidad de su construcción, como la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda, San Andrés en Argomilla o San Jorge en Penagos, multitud de barrios poseen su propia ermita, que en muchos casos gozan de un peculiar atractivo. Es el caso de Nuestra Señora de las Nieves en Pisueña, que en su rústica fábrica muestra la humildad de los pueblos a los que servía. La diversidad, en suma, es el rasgo que mejor define el arte religioso en el valle del Pisueña.
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Dentro de la Comarca del Pisueña contamos
con varias construcciones románicas de gran valor. La más importante de
ellas es la Colegiata de Santa Cruz de Castañeda, declarada Bien de Interés
Cultural en 1930, que está considerada como una de las más notables muestras
de este arte en nuestra región. |
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Las Hermitas de los Siglos XVI, XVII y XVIII A parte de las construcciones románicas,
la mayor parte de los edificios religiosos de la comarca están datados
en torno a los siglos XVII y XVIII. Sin embargo también existen notables
templos del siglo XVI. El más destacable de ellos lo encontramos en Penagos;
es la iglesia de San Jorge, declarada bien de interés cultural en 1991.
Se halla rodeada de un viacrucis de piedra y está compuesta por tres naves
con cuatro tramos abovedados cada una, y un ábside poligonal, rasgo característico
del estilo gótico. La torre, de cuatro pisos, se construyó en el siglo
XVII. En el interior alberga tres valiosos retablos. |
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Otras Construcciones religiosas Sobre la loma que domina el Valle de
Carriedo, en el municipio de Villafufre, se levanta el Convento de La
Canal, que ha sido recientemente abandonado por la comunicad religiosa
de monjas Concepcionistas que lo ocupó originariamente. Hoy está habitado
por una comunidad seglar. |
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Viacrucis y humilladeros Otro elemento patrimonial que forma
parte del arte religioso son los humilladeros, que en nuestra comarca
destacan tanto por su gran número, respecto a otros valles de la región,
como por su variedad respecto a la temática que representa y los materiales
utilizados en su construcción.
La mayor parte de ellos se levantaron en torno al s. XVIII, y aparecen sobre todo en las márgenes de los caminos, aunque tampoco faltan los que se ubican dentro de un núcleo de población, o incluso en la plaza del pueblo. Su finalidad era muy diversa: unas veces se construían como indicadores del camino, o como símbolos de protección al viajero; otras veces eran fruto de una promesa o de devociones privadas, como se puede ver en algunas inscripciones, pidiendo de este modo al caminante una oración por el devoto que la levantó. En algunas ocasiones pueden responder al recuerdo de una muerte trágica. Suelen aparecer resguardadas en el interior de pequeñas capillas, llamadas asubiaderos, compuestas por planta cuadrada o rectangular, con arco de entrada de medio punto y tejado a dos o cuatro aguas. No obstante, algunas cruces de piedra aparecen al descubierto. Algunos humilladeros consisten simplemente en una cruz sin representación figurada. De este tipo es la de Saro de Arriba, que se sitúa en la plaza del pueblo, frente al la iglesia de San Lorenzo. Otra aparece en Lloreda, y se sitúa en la esquina de la tapia que bordea la ermita de Santa Lucía. En Cabárceno se puede contemplar otra cruz latina decorada con moldura. Su ubicación original no corresponde con el lugar en el que hoy se asienta, ya que en las inscripciones de los brazos se lee "Penagos" y "Pámanes", lo que indica que servía como hito, entre los dos pueblos. Más interesantes que las anteriores son las cruces con la presencia del Cristo como única imagen representada, ya que además de permitir la observación de ciertos matices escultóricos, destacan por su poca frecuencia en la región. El más importante de este tipo es el que aparece en Selaya, en la carretera que se dirige a Vega de Pas. La cruz en este caso se encuentra en el interior de una pequeña capilla de sillería cubierta por un tejado a dos aguas. A través del arco de medio punto de entrada, se puede observar la talla de Cristo de estilo popular. Tiene los ojos cerrados y sobre su cabeza se distingue la corona de espinas. En el pedestal aparece una inscripción: "De 1707". Otros humilladeros además del Cristo crucificado llevan otras imágenes asociadas, los santucos de las ánimas: San Francisco ofreciendo su cordón a las almas del purgatorio para salvarlas del fuego eterno. También es usual que aparezca la virgen de la Soledad. Existe un humilladero de este tipo junto al puente de Socobio, Castañeda. Se trata de una talla de piedra de Cristo crucificado. Se halla situado sobre un pedestal moderno, aunque el basamento original tenía talladas las imágenes de La Dolorosa y San Francisco rescatando ánimas del purgatorio. Se trata de una cruz de dimensiones muy cortas, que no sobrepasa las del Cristo, en el cual destaca la desproporción de los volúmenes y el empeño en la talla del rostro. En otros casos, el Cristo pierde protagonismo, de manera que las escenas de los santucos de las ánimas ocupan la parte principal del humilladero. El ejemplo más representativo aparece en Esles, inserto en una tapia del Barrio del Cruce. En los detalles de la talla parece vislumbrarse la mano de un artista destacado, más que un simple maestro popular. Un cristo crucificado preside el conjunto. En Lloreda, a la entrada de la iglesia parroquial de San Juan Bautista, se ubica otro hunilladero de las ánimas. Está compuesto por una cruz de pequeñas dimensiones que se halla sobre una columna en cuyo centro aparece tallada una imagen con San Francisco rescatando álmas, rodeada de múltiples hojas y flores. El humilladero más importante dentro de este apartado, es el ubicado dentro de un rollo heráldico en Selaya. En un principio debieron ser muy abundantes este tipo de humilladeros en la montaña, pero actualmente son bastante raros de ver. El de Selaya es el más monumental de los rollos con iconografía de las ánimas. Construido en sillería, presenta una planta circular y está dividido en dos cuerpos; uno ocupado por la hornacina de medio punto en la que se hallan las imágenes representativas: aparece San Francisco rescatando álmas, con la Virgen de la Soledad a la derecha. En este caso se suma también la devoción local, con la imagen de la virgen de Valvanuz situada en la parte izquierda. El otro cuerpo está dedicado al escudo de la familia, que representa los apellidos de Samano y alianzas. Los santucos de la pasión son los dedicados a la Pasión y Muerte de Cristo. También suelen aparecer el pecado y varias advocaciones de la Virgen y los Santos relacionados con la Redención, como Santo Domingo y San Francisco. El mejor ejemplo de este tipo de humilladeros aparece en Barcena de Carriedo. Consiste en una cruz de madera situada a la entrada del pueblo, y albergada dentro de una capilla de sillería y tejado a dos aguas. Los temas que trata se basan en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y se recrean mediante pequeñas escenas situadas a lo largo del brazo y del mástil de la cruz. Existen también varios viacrucis completos en la comarca que constituyen parada obligatoria en las procesiones. Uno de los más conocidos de la comarca, es de Selaya, que comienza en el centro del pueblo y desde ahí, cada una de las catorce estaciones jalonala ascensión hacia la ermita de la venerada Virgen de Valvanuz. Es bastante reciente, de 1978, aunque con seguridad sustituiría a otro más antiguo. Se extiende a lo largo de algo más de dos kilómetros y son de piedra y hierro forjado. El viacrucis de Esles es de madera y comienza a la entrada del pueblo, junto a la Ermita del Angel, y desde allí se dirige hasta la iglesia parroquial de San Cipriano, en el centro del mismo. Otro viacrucis, pero esta vez con las cruces de piedra se encuentra en Penagos. En este caso las catorce estaciones se sitúan alrededor de la iglesia de San Jorge, del siglo XVI. En el Arenal aparecen un par de cruces pertenecientes a un antiguo y vello viacrucis de piedra, que marcaba los pasos que los habitantes del pueblo recorrían en época de penitencia. Una de ellas se puede observar en el barrio de Pindio, ubicada sobre una fuente más moderna. |