Historia

Primeros pobladores
Edad Media
Del Pleito Viejo al día de hoy




Caldero de Cabárceno.

 


Primeros pobladores

Aunque en la comarca del Pisueña no existen restos de ocupación humana anterior a la época medieval, en los municipios que la circundan puede encontrar el visitante importantes yacimientos arqueológicos que ofrecen testimonios del primitivo establecimiento en la región de grupos humanos. En algunos casos, como ocurre con las cuevas del Monte Castillo en Puente Viesgo, el interés científico supera las fronteras de la región y aún del país.

Descubiertos a principios de siglo, en los yacimientos de Monte Castillo se han encontrado los elementos más antiguos de la prehistoria regional, datados entre los 80.000 y 120.000 años antes del presente (a. B.P.). Se trata de un conjunto de instrumentos de piedra tallada, que se asimilan al periodo Achelense superior. Los fabricantes de estos útiles eran anteriores al Neanderthal, y se organizaban en grupos pequeños. Sobrevivían del aprovechamiento directo e indiscriminado de los recursos naturales, en un medio frío y seco. A juzgar por la distribución espacial de los yacimientos de esa época en la región, probablemente limitaron su área de recolección a la franja litoral y a las zonas bajas de los valles medios de los ríos.

La última de las glaciaciones cuaternarias, Würm en el sistema alpino, generó importantes aparatos glaciares en la cordillera, y particularmente en el vecino valle del Miera. En este periodo el hombre utilizó las cuevas como refugio a la vez que desarrollaba cierta especialización en la caza y en la fabricación de utensilios. De esa época, entre los 90.000 y los 30.000 a. B.P., hay ya una red de yacimientos más numerosa: además de las cuevas de Monte Castillo, en Puente Viesgo, podemos citar El Pendo en Camargo y la Cueva Morín en Villaescusa, entre otros.

Durante el Paleolítico Superior, entre los 30.000 y los 11.000 a. B.P., la región alcanza las mayores cotas de ocupación de la prehistoria, y tiene lugar el despliegue del espectacular arte paleolítico cantábrico que puede admirarse en las cuevas de Monte Castillo de Puente Viesgo, y en otras muchas. Hay muestras tanto de arte parietal pintado o grabado que representa signos, manos, animales, como de arte mueble como utensilios de caza o pesca decorados, objetos de adorno o signos votivos como los bastones de mando. En el Monte Castillo también se encontraron objetos metálicos, como un pequeño puñal, o punzones datados a comienzos de la Edad del Bronce, y algunos otros objetos más integrados en este periodo, como fragmentos de vaso campaniforme en Igollo, cueva de El Ruso; o hachas de Bronce en Camargo, hasta que en 1912 en la mina Crespa de la montaña de Cabarga, se halla el caldero de Cabárceno, datado en el Bronce Final, entre 900 y 800 a. C.

No hay en este periodo muestras en la región de la existencia de poblados, necrópolis o fortificaciones que hicieran pensar en agrupamientos de la población al norte de la cordillera, ni tampoco de la existencia de factorías, explotaciones mineras u otras agrupaciones productivas. Los asentamientos prerromanos de los que se tiene noticia se localizan en este periodo al Sur de la cordillera.

Los pueblos prerromanos de la región cantábrica son en general poco conocidos. A las gentes cántabras se les atribuye un tronco común de origen céltico centroeuropeo, una economía precaria basada en la actividad agropastoril complementada con la caza y la recolección. Se les asigna un carácter belicoso por su participación como mercenarios en las campañas de las legiones romanas y la férrea resistencia que impusieron ante ellas durante las guerras cántabras de la segunda mitad del siglo I a. C. La victoria romana no se tradujo en una ocupación extensiva del territorio sino en el establecimiento de unos pocos núcleos de población y el mantenimiento de ciertas líneas de comunicación entre la meseta y el mar. Restos de calzadas romanas en el valle del río Besaya, las ciudades de Iuliobriga cerca de Reinosa y la de Flavióbriga en Castro Urdiales, además de los puertos marítimos Portus Blendium, Victoriae, Amanum y Vereasuecae atestiguan el carácter disperso de la ocupación y su interés más estratégico que económico o cultural.

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Emplazamiento del antiguo Monasterio de Fístoles.












Casona de Ceballos el Caballero.

 


Edad Media

La actual comarca del Pisueña se enmarca, en la primera Edad Media, en las Asturias, una de las demarcaciones territoriales que formaban parte del reino Astur Leones, y que surgieron en el proceso de conquista y repoblación llevado a cabo en el siglo VIII por Alfonso I. Posteriormente se convertiría en la Merindad de las Asturias de Santillana. Con anterioridad al siglo IX, no se tiene noticia escrita de la existencia de asentamientos a los que acompañe un terrazgo estable como medio de explotación permanente. En siglos precedentes cabe hablar de una ocupación extensiva del territorio por medio de clanes o comunidades familiares, en el marco de un régimen económico pastoril marcado por un nomadismo estacional.

Las primeras presuras, término con el que se designa a la apropiación de un territorio sin dueño anterior, datan del siglo IX y tienen lugar en la cuenca del Pisueña, donde el Conde Gundesindo se apropia de una amplia franja entre la cordillera y la costa central de Cantabria. En el año 816 está fechada una escritura por la que el Conde Gundesindo dona al monasterio de San Vicente de Fístoles, situado junto al pueblo de Esles, las villas y monasterios menores. El hecho de que en esta donación no se incluyan referencias a los cultivos agrarios permite pensar aún en un aprovechamiento pastoril del espacio.

Las unidades familiares como forma básica de organización social y explotación del terrazgo sólo se establecen en la comarca dos siglos más tarde. Lo hacen al amparo del avance en las formas de propiedad, de la tierra y del ganado, y del reconocimiento del hombre como cabeza de familia. El Valle es la unidad territorial superior y engloba los territorios de varias comunidades. Además cuenta con una serie de bienes en propiedad de uso común para el conjunto. Estaba constituido por concejos, y cada concejo estaba formado por uno o varios pueblos que se organizaban en torno a la parroquia.

La institución que encauza las relaciones sociales durante el periodo medieval, es la de Behetrias, o lo que es lo mismo, la caída en dependencia por parte del campesinado libre y propietario de sus tierras, en manos de los señores a quienes se encomendaban.

Los señores, y también los monasterios, se van apoderando arbitrariamente de los elementos colectivos del valle, sernas, molinos, helgueros...y a su vez se erigen en propietarios en varias comunidades al mismo tiempo para poder participar de las decisiones de los concejos. Los campesinos, indefensos, se ven forzados a solicitar la protección de señores o monasterios convirtiéndose al tiempo en defensores de sus protectores ante el consejo de la aldea.

Hasta el siglo XI lo habitual fue buscar la protección de un monasterio, las "ecclesias" que surgen al comenzar la reconquista, patrocinadas por la nobleza y establecidas sobre territorios sometidos a presura. Ofrecían, más allá de la seguridad terrenal, la segura salvación del alma.

Otro cantar es lo que acontece a partir del siglo XII, cuando los campesinos libres prefieren encomendarse a la nobleza laica y los dominios de abadengo pierden peso ante un proceso de concentración señorial. La situación del campesinado empeoró progresivamente, los contratos de encomendación pasaron de vitalicios a hereditarios y la inicial libertad para elegir al señor, se convirtió en obligatoriedad de seguir en el seno del linaje al que se habían encomendado. Pronto las aldeas y las personas de behetría se vieron obligados a satisfacer tributos en la misma medida que lo hacían los siervos solariegos, caso de la infurción, la martiniega por San Martín, o el montazgo, tributo que se pagaba por el tránsito del ganado por el monte. Los principales linajes de la comarca eran los Ceballos, los Obregón, los Arce y los Castañeda.

La ascensión del dominio solariego frente al de abadengo reflejaba el avance hacia una sociedad distinta, en la que destaca un incipiente proceso de urbanización.

Los De La Vega y los Castañeda son las dos familias que mayor poder alcanzan. El valle de Carriedo, junto con el vecino de Toranzo en la cuenca del río Pas, sufrieron las consecuencias más dramáticas del avance de estas dos casas.

El linaje más importante de los que tuvieron dominios en las Asturias de Santillana fue el de la Casa De La Vega, que probablemente tuvo su origen en la Casa de Lara. La mayor parte de la comarca del Pisueña pasó a su poder en 1341, por donación del rey Alfonso XI, junto con otros valles de la zona. Sólo Castañeda quedo fuera de su dominio. En un primer momento, este territorio estaba en manos de los Castañeda, que en la época de Fernando III, extendieron sus dominios por todo el valle de Toranzo y parte del de Carriedo entre otros. El último de los señores pertenecientes a este linaje murió a manos de las tropas de Pedro I el Cruel, durante una de las batallas que este rey mantuvo con los nobles de su reino para disputarse el poder. Al morir sin descendencia, el señorío de Castañeda fue concedido a Don Tello, Conde de Vizcaya y Aguilar. Su hijo, Juan Téllez casó con Leonor de la Vega, y al quedar ella como única descendiente de la Casa de la Vega, se consiguió formar un amplio dominio. La hija de ambos, Aldonza Téllez quedó de heredera de las posesiones de su padre, de manera que su consorte, Garci Fernández Manrique acabaría ostentando el título de Conde de Castañeda en 1420, por un privilegio otorgado por Juan II. Por otro lado, Leonor De La Vega se caso en segundas nupcias con el Almirante y Alcalde Mayor de la Merindad de las Asturias de Santillana, Diego Hurtado de Mendoza, con quien prosigue la expansión del más importante de los dominios territoriales de la Cantabria medieval. El hijo de ambos, Íñigo López de Mendoza, al frente de las casas de De La Vega y Mendoza continúa la expansión en Asturias de Santillana, Liébana y Campóo, lo que le ocasionó graves conflictos con su hermanastra y su marido, Condes de Castañeda, por la posesión de estos últimos territorios. El Rey Juan II le otorga, en 1445, el título de Marqués de Santillana. Treinta años después, los Reyes Católicos, nombran a su heredero, Diego Hurtado de Mendoza, Duque del Infantado.

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Reproducción de la Casa de Juntas de los Nueve Valles en Puente de San Miguel.

 


Del Pleito Viejo al día de hoy

Con la instalación del absolutismo y la unión de las coronas de Castilla y Aragón la situación comenzó a cambiar lentamente.

En 1495 los campesinos del valle de Carriedo piden su emancipación abriendo el camino para futuras iniciativas en la misma línea en otros valles de la comarca.. El valle pertenece a la jurisdicción de las ASTURIAS DE SANTILLANA y está formado por catorce concejos, Abionzo, Aloños, Bárcena, Escobedo, Llerana, Penilla, Santibáñez, Saro, Selaya, Soto, Tezanillos, Vega, Villafufre y el concejo Villa de Carriedo. Demanda ante el Consejo de S.M. al Duque del Infantado, hijo del Marqués de Santillana, por usurpar su jurisdicción y someter a vasallaje a sus habitantes con métodos violentos.

La sentencia resulta favorable cuatro años después y se confirma mediado el siglo XVI. Se conoce a este hecho como el Pleito Viejo, y a él sucede, con el mismo objetivo independentista el pleito de los Nueve Valles, en el que concurren los valles de Cayón y de Penagos. El primero lo conforman nueve concejos, Abadilla, Argomilla y San Andrés, Esles, La Encina, La Penilla, Lloreda, San Román, Santa María de Cayón y Totero. El valle de Penagos incluye los concejos de Arenal, Cabárceno, Penagos y Sobarzo.

La emancipación del dominio señorial llegó de la mano de una sentencia favorable confirmada en 1568 y resuelta tres lustros después.

El valle de Castañeda, en el marco también de la Meridad de las Asturias de Santillana, estaba formado por un sólo concejo que incluía los barrios de La Cueva, Pomaluengo, Socobio y Villabáñez. En origen dependía de la casa de los Lara y más tarde estuvo bajo la jurisdicción señorial de los Manrique, que ostentaron título condal. La emancipación señorial sólo se logró por los vecinos bien entrado el siglo XVIII.

En 1778 queda constituida la provincia de Cantabria, aunque la unión no incluye a todos los municipios de la Cantabria actual en este momento. Del territorio que abarca la cuenca del Pisueña, sólo Cayón y Penagos, como integrantes de los Nueve Valles, participan de dicha unión. El resto de las jurisdicciones se irían anexionando en los años posteriores.

Con la formación de los municipios, cambiaron en parte las divisiones administrativas de los valles de la comarca. Así, el valle de Carriedo, se dividió en cuatro, que darían lugar, tras algunas variaciones posteriores, a los cuatro municipios actuales : Villacarriedo, Saro, Villafufre y Selaya.


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