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La economía comarcal, de la especialización ganadera
a la terciarización
La economía de la Comarca del Pisueña, al igual que ocurre
en el resto de la región, está marcada por una fuerte vocación ganadera,
responsable del grado de desarrollo actual. Al devenir parejo entre los
distintos valles de Cantabria, cabe añadir en el caso del Pisueña dos
aspectos o hitos de especial relevancia cuya influencia ha trascendido
más allá de los límites regionales. Se trata de dos experiencias pioneras,
que han dinamizado, cada una en un momento histórico diferente, la capacidad
de explotación ganadera con orientación láctea.
El primero de estos acontecimientos señalados es la puesta en marcha del
modelo de explotación pasiego, que ya en el siglo XVI supone una revolución
en el contexto de las economías montanas de la región. El segundo, muy
posterior en el tiempo, es la implantación en 1905 de la Nestlé, primera
multinacional del sector lácteo de Cantabria, localizada en La Penilla
de Cayón.
Frente a la creencia habitual, el paisaje agrario minifundista y la orientación
láctea de la ganadería que hoy percibimos, se gesta en un período reciente,
con visos de auténtica solvencia desde mediado el siglo XIX.
Con anterioridad al siglo XIX, y excepción hecha de la zona de influencia
pasiega, el modelo económico de subsistencia que se practica en el valle
prioriza los cultivos hortícolas y cerealistas sobre los usos ganaderos
del espacio.
La organización del espacio se repite en cada una de las ledanías que
se asocian a cada aldea. Estas se componen de montes de uso común y espacios
susceptibles de rendir fruto mediante el trabajo individual. Cada aldea
organiza su espacio de producción en base a tres anillos casi concéntricos
a los que se dotaba de distinta utilidad. Las zonas próximas a la casa,
en las riberas de ríos o arroyos, se destinan como pequeños huertos para
la obtención de cosechas de hortalizas, frutales para el complemento de
la dieta, generalmente manzanos para la obtención de sidra, y lino para
la confección de prendas de vestir. En este entorno de fondo de valle
aparecen también algunos prados cercados para la alimentación del ganado
de tiro de que se dispone.
El terrazgo cerealista es el más extenso de los espacios de cultivo. Alrededor
de las aldeas se dispone aislado en mieses cerradas que se organizan en
dos sectores, para cultivo o barbecho. Las especies que más espacio ocupaban,
por resultar las más adaptadas a las condiciones que imponía la permanente
humedad ambiental y el breve período estival de la región, eran el centeno,
la cebada y el mijo. La vid se cultiva también en zonas bajas de la comarca,
preferentemente con orientación al mediodía. Sin embargo, por exigencias
de los propietarios de la tierra a quienes había que satisfacer en concepto
de alquiler con una parte de la cosecha, se plantaba también trigo, con
más frecuencia de lo que a la lógica corresponde, pues los fracasos eran
habituales ya que este cultivo demandaba un clima más seco con mayor insolación.
Con la introducción del maíz al iniciarse el siglo XVII, los problemas
de abastecimiento habituales se vieron mitigados, pues supuso un gran
incremento en la producción global, hasta tal punto que sustituyó a los
cereales tradicionales para constituir el cultivo predominante. La innovación
culminó posteriormente con la asociación de las alubias a dicho cultivo,
de manera que a la vez que se aumentaban los rendimientos, se nitrogenaba
el suelo, pudiendo prescindir del descanso de las tierras. La prioridad
dada a este cereal se tradujo en el retroceso de otros cultivos como la
vid y la manzana, y en el descenso en el número de reses de ganado mayor
que demandaba amplias superficies.
Por último, los espacios de monte, constituyen el complemento a una sencilla
y rudimentaria economía que se mantiene inalterable en esos términos hasta
el siglo XIX. La complicada orografía de la comarca, especialmente en
su mitad Sur, limitaba el espacio cultivable a los fondos de valle y a
las laderas más bajas y de menor pendiente. El monte por tanto suponía
una gran extensión de terreno que ofrecía un potencial importante. Las
zonas más accesibles se rozaron para el cultivo del cereal, (la toponimia
de algunos lugares hace referencia a esta práctica, caso de La Rozada
en el pueblo de Tezanos), primero libremente y después a partir de una
organización comunal del espacio de monte que se parcelaba y se dividía
en suertes, "sernas" o "rozadas", entre los vecinos de cada lugar. Cuando
no era así, las helgueras como se denominó a estos espacios en otras zonas
de la región, se dedicaban a la elaboración de fertilizantes por el procedimiento
de añadir helechos o retamas al abono animal.
Al margen del sector agrario, una de las actividades de mayor arraigo
en la comarca ha sido la derivada secularmente de la extracción de mineral
de hierro en la mina de la sierra de Cabarga y su posterior fundición
en las ferrerías del valle. El hierro se destinaba a la industria naval,
a la fabricación de armas o a la exportación hacia Castilla.
Durante la Edad Media, hasta nueve ferrerías se encuentran en actividad
en la comarca, que se sitúa a la cabeza regional en cuanto a número de
instalaciones. Ello se debe a la existencia de gran cantidad de madera
para el carboneo, a la accesibilidad para aprovechar la energía hidráulica
que generan los numerosos cursos fluviales de la cuenca y sobre todo a
la proximidad de la mina de Cabárceno, único yacimiento del momento.
Las ferrerías se ubicaban en Penagos, Castañeda, Santa María de Cayón,
Saro, Selaya, Las Bárcenas, San Martín, Abionzo y Rasillo, y muchos fueron
a buen seguro los ocupados, al menos a tiempo parcial en el sector del
hierro, pues además de los obreros especializados de la ferrería, dirigidos
por el ferrón, era necesaria la mano de obra campesina para otras muchas
tareas como el transporte de leña y el carboneo.
Sin embargo, con la instalación en el siglo XVII de los Altos Hornos de
Liérganes y La Cavada el auge del sector en la comarca toca a su fin.
Pese a que se puso en funcionamiento una nueva instalación en la comarca,
la ferrería mayor de Llerana, perteneciente al linaje de los Obregón,
la Dotación que afecta a todos los montes del área central de Cantabria,
que impide el uso de su madera para otro fin que no sea el de servir a
los Altos Hornos, obliga a importar carbón para fundir el mineral. El
incremento de los costes estuvo en la base del decrecimiento del sector.
La economía se complementa con actividades artesanas en la elaboración
de aperos de labranza, actividades de carpintería o desempeño de oficios,
como la cantería, en áreas urbanas.
Con el cambio de manos en la propiedad de la tierra, que pasa a poder
del campesinado y a favor de coyunturas como la apertura del camino de
Reinosa, que enlaza la región con la meseta, el modelo de explotación
cambia en la comarca en la misma medida que en el resto de Cantabria.
El siglo XIX supone una reorientación a todos los niveles. El primer paso
hacia la introducción generalizada del ganado se produce con el apogeo
de la carretería, durante las tres primeras décadas del siglo. Antes de
la puesta en marcha del ferrocarril de Alar del Rey a Santander la demanda
castellana de ganado de tiro para las roturaciones supone el primer aliciente
para el mercado exportador.
La cabaña está dominada por el ganado de fuerza, aún predominan los aprovechamientos
colectivos del espacio y el sustento del capital son las razas autóctonas,
bien adaptadas pero con muy baja productividad en comparación con las
razas seleccionadas. Durante las décadas centrales del siglo, a favor
de un crecimiento demográfico importante en las áreas urbanas de la región,
aumenta notablemente la demanda de carne para consumo, algo poco habitual
en períodos anteriores en que la carne no formaba parte de la dieta obrera.
La reducción de costes de transporte y el hecho de que otras regiones
norteñas no pudieran competir por el mercado castellano y madrileño al
no disponer de ferrocarril, favorecieron las expectativas exportadoras
de toda la región.
Otras circunstancias apoyaron el buen momento comercial del ganado de
carne: las Exposiciones Regionales, el avance del uso privado de los espacios
comunales, la introducción de razas foráneas, o la recría de terneros
para matadero durante cinco o seis meses como práctica habitual . El cambio
señalado, vacas en lugar de bueyes, supone al menos un avance en la capacidad
productiva y una movilidad de capital que con anterioridad no existía.
Por último, acabando el siglo, ante el aumento de la demanda urbana de
leche y derivados lácteos se vuelve a reorientar la actividad y por tanto
la cabaña. A ello contribuyó el hecho de que Galicia, una de las potencias
del momento en el mercado de la carne cesara en las exportaciones al mercado
británico y pusiera sus ojos en el nacional.
Las explotaciones pasiegas, como ya se expuso, fueron pioneras tres siglos
atrás en la comercialización de derivados lácteos. Los pasiegos llevaron
a cabo una primera selección del ganado tradicional, con la vaca pasiega
crearon las primeras vaquerías en el entorno de las ciudades y después
la cruzaron con la suiza para finalmente adaptar la vaca holandesa, que
ofrecía un mayor volumen de producción diaria.
El último salto hacia el modelo económico plenamente mercantil lo supone
a finales del siglo XIX la aparición de pequeñas industrias transformadoras
especializadas en la elaboración de quesos, una en Selaya, y hasta cuatro
en Santa María de Cayón, siendo la de Esles, propiedad de Pedro Saro y
Salvador Gutiérrez, la de mayor envergadura.
Con la llegada del siglo XX se instala en la comarca la multinacional
Nestlé que como el resto de industrias lácteas del momento elige como
punto de localización la salida de uno de los valles lecheros preferentes.
Además, la proximidad del ferrocarril es siempre un factor de localización
industrial, y el tren de Ontaneda acaba de ser inaugurado. Se aprovecha
igualmente la experiencia en producción láctea de la comarca para servir
a centros urbanos y la aclimatación ya conseguida de las razas foráneas
cuya rentabilidad no ofrece dudas.
Los inicios no resultan arrolladores, se trabajaba con quinientos litros
diarios, eso sí, al precio más bajo de toda la cornisa cantábrica, del
orden de diez céntimos el litro. Al comienzo recoge leche de Santa María
de Cayón y Castañeda, pero en 1915 todos los municipios de la comarca
excepción hecha de Selaya sirven ya a la fábrica de La Penilla. Tras la
Guerra Mundial la producción se dispara, y la recogida de leche supera
los diez millones de litros en 1925. Cantabria se confirma en el primer
tercio del siglo como primera región suministradora de vacas en producción
para otras provincias de España, el proceso de sustitución de razas tradicionales
es vertiginoso y el porcentaje de producción lechera industrializada alcanza
cotas desconocidas en otras regiones norteñas. En este marco, el valle
del Pisueña, se presenta como una de las zonas de mayor volumen de producción
de la provincia de Santander mientras en conjunto, el partido judicial
de Villacarriedo ostenta el 17% de la cabaña provincial en 1927 con más
de treinta mil animales y una clara predominancia de las vacas de raza
holandesa.
La evolución continúa en la misma línea tras la Guerra Civil y la autarquía
franquista. Mediado el siglo la demanda se revitaliza y regresa a la línea
ascendente anteriormente iniciada.
Las últimas décadas vienen marcadas por un descenso de las explotaciones,
y por un aumento acusado de la productividad y del terreno por ganadero.
Hoy las ganaderías producen muy a menudo más de cincuenta mil litros al
año, desaparecen las técnicas tradicionales de siega, ordeño y transporte
de la leche, aumenta el período de estabulación del ganado y la selección
genética de cada animal está en la base de cualquier proyecto empresarial
en el ámbito ganadero. Se han reducido progresivamente los costes y se
ha mejorado la alimentación, la selección y el control sanitario, en aras
de una competencia cada vez mayor en el mercado europeo, y las explotaciones
sólo resultan viables con un número de reses elevado. La comarca del Pisueña,
pese a las dificultades, ha sabido adaptarse a las nuevas condiciones
estructurales para seguir ofertando un producto de calidad altamente competitivo.

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