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La comarca del río Pisueña ofrece al visitante una muestra
de cada uno de los rasgos de diversidad que deseamos encontrar en la región
cantábrica. Ahí radica su principal atractivo. Desde la agreste verticalidad
de la montaña hasta el apacible tapiz verde de las vegas bajas, se extiende
una comarca llena de historia cuyo recorrido puede satisfacer muchos y
variados intereses.
El territorio que ocupa la comarca está casi en el centro de Cantabria,
flanqueado por dos pasos tradicionales de la cordillera entre Castilla
y el mar. Al Este, encontramos el histórico camino que unía Burgos con
los puertos de Laredo y Bilbao, y al Oeste el que conecta la meseta con
el puerto de Santander desde Reinosa, a lo largo del valle del río Besaya,
hasta Torrelavega, cuyo uso se remonta al menos a la época romana. Entre
ambos caminos, queda este territorio del Pisueña, que responde como ninguno
a la que fuera denominación clásica de la región hasta tiempo reciente:
la Montaña. Hoy la comarca se comunica con las vecinas a través de dos
rutas principales, los ejes que se cruzan en Sarón y que comunican de
Sur a Norte y de Este a Oeste este pequeño territorio cántabro. Sarón
dista sólo 20 km de Santander o Torrelavega, y 90 km de Bilbao.
El límite Sur de la comarca lo establecen los relieves más orientales
de la Cordillera Cantábrica, concretamente el macizo de Castro Valnera
que con sus 1700 metros de altitud, establece la transición hacia los
montes vascos.
Por el Norte, está limitada por los relieves prelitorales, cuya altura
no supera los 600 metros y que se disponen alineados paralelos a la costa.
La primera imagen que nos brinda la comarca podría sintetizarse en la
amplia vega fluvial orlada por una sucesión de suaves relieves alomados,
organizada en función del río que la da nombre.
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